LA ENSEÑANZA QUE DEJA HUELLA NO ES LA QUE SE HACE DE CABEZA A CABEZA, SINO DE CORAZÓN A CORAZÓN.

Howard G. Hendricks.

martes, 7 de marzo de 2017

SESIÓN DE MINDFULNESS: ATENCIÓN A NUESTRA RESPIRACIÓN

Normalmente somos los adultos los que reconocemos el estrés al que estamos expuestos por varios factores, y solemos buscar vías para combatirlo con actividades que nos relajen y nos calmen. Esta misma necesidad no sólo existe en la edad adulta, si no que cada vez más se sufre en la infancia y en la adolescencia. Se hace urgente el enseñarle a los niños desde muy pequeños la importancia de sabernos relajar cuando lo necesitamos. La meditación y el Mindfulness les ofrecen a los más pequeños calma interior, auto-control sobre ellos mismos y la mejora de su concentración y atención. La inteligencia emocional también juega un papel importante. Podemos a partir de los 3 años enseñarle técnicas de relajación a través del juego y de la música. ¡Siempre tiene que ser divertido y atractivo para ellos!

Ya sabéis que desde principio de curso estamos 

realizando diferentes actividades de relajación, mindfulness, visualización, meditación...  para introducirlas poco a poco y con paciencia en los niños desde los 3 años.

Quiero exponeros varios factores a tener en cuenta a 

la hora de iniciar este tipo de ejercicios con vuestros 

hijos/alumnos:

   Cada niño es un mundo. No hay una edad determinada para que un niño logre relajarse correctamente. Tampoco existe un tiempo concreto en el que el niño tenga que aguantar totalmente quieto y calmado. Cada niño y niña tienen sus propios ritmos y su propia personalidad, que harán que se relajen con más facilidad o no. Hay niños de 4 años que aguantan más tranquilos en una meditación que un niño de 10. Y por ello, nosotros debemos conocerlo bien para saber qué es lo que mejor puede funcionar con él, para ayudarle en el proceso y sobre todo para motivarlo a que a su propio ritmo, vaya consiguiendo un nivel mayor de atención y concentración.

-          Las expectativas no ayudan. Normalmente cuando una madre o un padre quieren que su hijo aprenda a relajarse, suelen tener ciertas expectativas sobre ello. Podemos llegar a pensar que un niño de 4 años ya es mayor para aguantar 2 o 3 minutos escuchando música en silencio con los ojos cerrados, o que con 6 años ya están listos para tomar una meditación de 10 minutos sin desconcentrarse. También pensamos que podremos practicarlo todos los días de la semana pero, no todos los días se verán animados a hacerlo. Como he dicho antes, cada niño tendrá su momento. Lo primero que tenéis que hacer, es borrar vuestras expectativas, para dedicaros a observar al niño, y seguir sus propios tiempos y necesidades. Niño y adulto debéis fluir para disfrutar de la actividad, sin pararos a pensar en el resultado que queréis conseguir. Lo importante es el camino, el momento, el aprendizaje.

-          Elegir un lugar y un momento acorde con la actividad. Esto es fundamental. Para practicar la relajación sea con juegos o canciones, el lugar tiene que ser tranquilo, con las menos distracciones y estímulos posibles, y por supuesto en un momento en el que niño y adulto se involucren con ello. Elegir una zona de la casa donde no haya ruidos, donde no se vean los juguetes del niño y donde nadie os pueda molestar. A veces una terraza o un pasillo, con unos cojines, sándalo y una figurita de alguien meditando se convierte en un lugar ZEN total. Además, el niño debe de estar tranquilo y motivado a iniciar la actividad. Si permites que él mismo prepare ese lugar de relax, se verá más motivado a hacerlo. Les encanta crear su rincón de la paz, al que con el tiempo acuden cuando ellos mismos aprenden a reconocer que necesitan calmarse. 

-          Buscar el interés del niño. Es vital que el niño se vea interesado en realizar la actividad. Para ello lo básico es buscar un momento en el que a él le apetezca, y para llamar su interés tiene que ser un juego para él. Si son muy pequeños les encanta empezar cantando, o tocando algún instrumento que se usa para ello, como una campana o cuenco tibetano. La selección de la música también les produce curiosidad, puede ser música de la naturaleza, y le podemos preguntar donde le gustaría imaginarse ¿en la playa? ¿en una montaña? Insisto, si hacemos al niño partícipe de la actividad, tendrá más éxito. Él tiene derecho a elegir, y además, es importante seguir sus preferencias en estes ejercicios pues, de alguna manera nos están expresando qué es lo que necesitan en ese momento.

-          Seamos su ejemplo. Muchos padres pecan sin quererlo en este factor. De nada vale que le enseñemos a los niños a reconocer sus emociones y frustraciones, y a saber controlarse cuando se enfadan o se estresan, si ven que nosotros ni sabemos controlarlos ni practicamos la relajación ni nada de nada. Si de verdad estamos interesados en que nuestros niños aprendan a relajarse, a respirar correctamente y a gestionar sus emociones, deben de ver que nosotros somos capaces de hacerlo. Nosotros seremos su inspiración, su ejemplo, sus héroes. Y para eso no vale que nos inventemos las cosas, tienen que vernos en acción. Quizás es la parte más difícil, pero si ponéis empeño, descubriréis que es una oportunidad preciosa para que juntos, toda la familia tome las riendas hacia una vida más tranquila, consciente y saludable. 


Una actividad muy importante para que ésto funcione, tiene que ver con técnicas de respiración, esenciales para practicar la relajación. Si los niños aprenden a ser conscientes de su respiración y a controlarla, podrán además controlar sus emociones y su atención. Con el tiempo se darán cuenta de lo mucho que su respiración influye en su estado de ánimo, en su carácter y en sus emociones. 

Las dos actividades que hoy hemos realizado han sido: 

1.       La respiración con muñeco. Para que un niño aprenda a practicar la respiración de forma  correcta, necesitan visualizar que lo están haciendo bien. Para ello le hemos pedido que se tumbe boca arriba. Les he colocado un animalito de goma que tenemos en el rincón de los números sobre su vientre. Lo ideal es un peluche o un muñeco, pero valen más objetos como una pluma o un libro. A continuación les he pedido que tienen que hacer subir y bajar al muñeco con su vientre, con su respiración. Les expliqué que al coger aire (intentamos que sea por la nariz si ya sabe), su barriga se hincha y el muñeco sube, y al soltarlo la barriga se deshincha y así el muñeco baja. Después de practicarlo varias veces, les mandé cerrar los ojos, y solamente se tienen que concentraren sentir el movimiento de su abdomen. Es el mejor juego para practicar al principio, desde los 3 años, les resulta muy divertido.










2.       La respiración del globo. En la misma postura boca arriba. Llevaron las manos hacia el vientre y les pedí que notaran cómo se hincha y se desincha, ¡igual que un globo! Les comenté que se imaginen que desayunamos o comimos un globo y que ahora tenemos que sentirlo en nuestra barriga. Que sientan como  al inhalar su vientre crece hacia fuera, como cuando llenamos el globo de aire, y como al soltar el aire se vuelve a hacer pequeña. Lo ideal es siempre observarlo con los ojos abiertos, y luego pasar a sentir el movimiento con los ojos cerrados. Este ejercicios es ideal para que empiecen a tomar conciencia de su respiración. 






        Lo han hecho muy bien, incluso algunos querían seguir. Seguiremos practicando hasta que consigan interiorizar esa atención a la respiración que es tan importante en el Mindfulness. 







No hay comentarios:

Publicar un comentario